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Tirotricina el primer antibiótico “serio” PDF Imprimir E-mail

Están bien documentados el conocimiento de la antibiosis y la producción de sustancias fúngicas con actividad antibacteriana antes de Fleming. Incluso la literatura recoge muchas prácticas empíricas de tratamiento de infecciones con alimentos mohosos u otros productos cuya eficacia debía ser por la producción de antibióticos.

Hasta 1930, la penicilina de Fleming fue el antibiótico mejor estudiado pero los resultados en aplicación terapéutica se habían saldado con el mismo fracaso de los anteriores, quedando relegado al olvido durante 10-12 años.

 

El descubrimiento de Dubos fue diferente. René Dubos coordinó un grupo de trabajo en el Instituto Rockefeller que siguió una línea de trabajo original; Se dedicaban a estudiar las sustancias antimicrobianas que producían los microorganismos del suelo. Resultaba muy original su metodología de trabajo alcanzando una notable reputación. Sentaría las bases para los posteriores búsquedas a partir del suelo y en 1939 aisló, algo insólito en aquella época, una cepa de Bacillus brevis que competía en su medio con bacterias patógenas. Esta bacteria es un bacilo grampositivo esporulado, parecido, solo en lo citado, al bacilo del carbunco.

Dubos lo vio claro, la cepa aislada solo podría competir si producía sustancias antimicrobianas. Efectivamente, de los cultivos obtuvo una sustancia activa frente a bacterias grampositivas por lo que la denominó gramicidina.

 

Por técnicas de acidificación, precipitación y tratamiento con alcohol, obtuvo un extracto que denominó tirotricina con un espectro mayor que el primer producto obtenido (gramicidina) ya que era activo frente a bacterias grampositivas y gramnegativas. Cuando trató la tirotricina con acetona éter obtuvo una parte soluble en acetona e insoluble en agua con las características biológicas de la primera gramicidina que además la logró cristalizada (purificada). La otra parte era insoluble en acetona pero también la obtuvo cristalizada al tratarla con alcohol y CLH. La llamó clorhidrato de tirocidina.
Por tanto obtuvo dos antibióticos los purificó, identificó químicamente como polipéptidos de peso molecular 1413 y 2534 respectivamente y logró su cristalización. En poco más de un año (1941) publicarían sus resultados, adelantándose varios años a la cristalización de la penicilina.

 

Comprobaron una extraordinaria actividad frente a neumococos, del orden de 0,4 mcg/ml, la resistencia de algunas cepas de estafilococos y la acción bacteriostática. Podemos destacar el esfuerzo y la originalidad de los métodos que describió para estudiar la acción del antibiótico en presencia de materia orgánica, suero, plasma, células y tejidos.
Debido a la ineficacia frente al gonococo, diseñaron por primera vez un medio con tirotricina (a concentración de 1:15000 en agar chocolate) para su aislamiento, eliminando contaminantes.

 

Aparte de su actividad antimicrobiana tenían un grave inconveniente farmacológico, y es que ninguno de los dos antibióticos eran solubles en agua. A pesar de ello desarrolló métodos de dilución y valoración tanto in vitro como en animales experimentales mostrando unas magníficas posibilidades frente a cocos grampositivos. Lamentablemente muy pronto se demostraron efectos secundarios notables entre los que destaca la acción hemolítica. Por tanto su empleo clínico se redujo a las aplicaciones tópicas o a las inyecciones locales en determinadas infecciones localizadas. Para ello se presentaba como soluciones alcohólicas o como preparaciones en seco.

 

Con tirotricina se hicieron amplísimos ensayos clínicos con magníficos resultados en el tratamiento de úlceras infectadas y huesos, vejiga y empiema pleural. Se obtuvo la erradicación de Streptococcus en tratamientos faríngeos dando unos resultados dudosos en un ensayo de lavados similares realizado en la Clínica Mayo.
Otros ensayos en conjuntivitis, queratitis, mastitis, vaginitis etc arrojaron también resultados prometedores. También se ensayó en veterinaria con más éxito que en medicina.

 

Paradójicamente estos resultados se filtraron a los medios de comunicación como espectaculares los que resultó contraproducente y perjudicial para el producto porque levantaron unos extraordinarias expectativas tras las cuales, e inmediatamente se empezaron a resaltar los aspectos negativos. A pesar de todo, se sigue empleando actualmente en presentaciones tópicas como colirios y antisépticos bucofaríngeos con varias marcas registradas en España, alguna como Bucometasona® de amplísimo uso.

 

Los problemas farmacológicos y toxicológicos, que se podían haber solucionado toparon con la más espectacular campaña conocida que fue la de la penicilina. Sin embargo, la publicación en 3-4 años de más de 60 artículos sobre todas las facetas en revistas de máxima difusión (hoy hablaríamos de impacto) indica la importancia de las investigaciones en torno a este antibiótico.

En cualquier caso el esfuerzo no fue en vano. La metodología y la línea de trabajo con microorganismos del suelo dio numerosos frutos empezando por los descubrimientos de Wasksman.

 

J. Prieto Prieto.