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Los estudiosos del Penicillium hasta Fleming PDF Imprimir E-mail

 

La revisión de la historia puede hacer pensar que antes de Fleming no existían o no se conocían los mohos, pero está documentado que muchos científicos se interesaron por las propiedades terapéuticas de los hongos y sobre todo de los Penicillium. Fleming se obsesionó con su utilización en vacunas y sorprende que no haga alusión en sus notas ni trabajos a la amplia bibliografía existente sobre antibiosis y el efecto antibacteriano de los hongos.

 

John Burdon-Sanderson que era profesor del Hospital St. Mary de Londres observó en 1870 que en un caldo de cultivo contaminado con un Penicillium no crecían las bacterias que había sembrado. Precisamente en su hospital se recogen como de gran transcendencia las anotaciones de Burdon desde 1870 sobre hongos antibacterianos. Hay que anotar: El hospital era el mismo donde 69 años mas tarde encontraría Fleming la penicilina con la misma observación aunque en cultivo sólido en vez de en caldo.

 

Una serie de trabajos se suceden hasta la publicación en 1928 de una amplísima revisión sobre hongos antibacterianos de Papacosta y Gaté que, disponible en la biblioteca del St Mary´s hospital, es muy consultado. No parece probable que Fleming desconociera este tratado.

 

Lister también publicó el tratamiento de una herida que curó con Penicillium. En 1895 y 1896, V. Tiberio (italiano) y E. Duchessne (francés) respectivamente comunican experiencias similares.

 

En el año 191O Alsberg y Black (referido por Chain y Florey en 1944) describen la acción antimicrobiana a diluciones del 1/50.000 tanto frente a Gram positivos como Gram negativos de una sustancia producida por Penicillium puberulum a la que dieron el nombre de ¡ácido penicilico! Que sería estudiado a fondo en el año 1944 y descartado en terapia humana. Curiosamente, Oxford y Raistrick, en 1935 obtuvieron el mismo antibiótico del líquido metabólico del P. cylopium.
La curiosidad de esta historia radica en que las experiencias citadas debían ser con cepas de Penicillium que generalmente no producen penicilina sino otra sustancia completamente diferente, el ácido micofenólico. La suerte de Fleming fue que su cepa constituía una rareza productora de penicilina en pequeñas cantidades. De hecho, la producción industrial se hizo finalmente con otras cepas.

 

También otras muchas sustancias antimicrobianas son estudiadas antes de la penicilina, levantando muchas expectativas fallidas como tantas veces ha ocurrido en medicina. Algunos ejemplos llamativos con:
- Las sustancias que se siguen obtenienco y probando de P. aeruginosa sobre todo la piocianina (además de la “piocianasa”).
- La actinomicetina, descrita por Gratia y Dath en 1924 a partir de varias razas se Actinomyces con notable actividad frente a Gram positivos y Gram negativos.
- Stanley Chambers y Fred Weidman, de la Universidad de Pensilvania trataron con éxito en 1927 infecciones dermatológicas por hongos aplicando sobre la lesión cultivos de una bacteria saprofita Bacillus subtilis.

 

Todo lo citado no solo no quita mérito a Fleming, al contrario, entre tantos científicos citados tuvo la agudeza de observar el fenómeno mejor que nadie. Pero parece como si Fleming quisiera reservarse la penicilina para su uso en el laboratorio, porque no se explica muy bien cómo resalta solo los aspectos mas decepcionantes. Refiere que no se conoce la acción frente a anaerobios no mata B. tuberculosos, que además es inactiva en presencia de suero, ni logra ninguna actividad en conejos por vía intravenosa ni en ratones por vía peritoneal. En órganos ex vivo de conejos demuestra que no penetra en el espesor de los tejidos y la única ventaja demostrada es que no es tóxica en animales. Como era de esperar, su divulgación, en conferencias sobre todo, no despertó el más mínimo interés.

 

La situación cambió notablemente con la intervención del equipo de Florey en el contexto de la 2ª Guerra Mundial. Todo el mundo se interesó por la peniclina se abrió la nueva era de la antibioticoterapia y hasta Fleming “redescubrio” su penicilina.

 

J. Prieto Prieto.