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Desarrollo de antirretrovirales. Una carrera de “fórmula I” PDF Imprimir E-mail

 

En pocas enfermedades se ha investigado y prosperado tanto en tan poco tiempo como en SIDA. Es lógico cuando se comprueba que no se han regateado recursos ni esfuerzos a pesar de algunas críticas, pero no se puede obviar el contexto en el que aparece esta dramática enfermedad. Cuando se vislumbra la posible erradicación de algunas enfermedades tras el éxito de la viruela, no solo se fracasa sino que aparecen algunas como el SIDA, totalmente nueva, mortal a corto plazo y que se extiende de forma pandémica. Desde que se detectan los primeros casos de enfermedad apenas trascurre un año, tiempo record, hasta que se identifica el agente responsable, el VIH en 1983. Pero este hecho no evita el dramatismo de no tener absolutamente nada que poder ofrecer a los enfermos. La impaciencia de los investigadores mas la angustia de los médicos y la ansiedad en los grupos de riesgo acaba en la desesperanza de los enfermos. Esta situación se traduce en el pánico propio de toda pandemia, cambios de conducta social etc.

 

Tardaríamos todavía otros 4 años hasta que apareciera el primer antirretroviral, demasiado tiempo para muchos aunque constituía otro record en la investigación. La industria farmacéutica sabe que los 10-15 años que se tarda en investigar nuevos fármacos son inasumibles socialmente en el caso del SIDA. Todos los laboratorios inician la intensa búsqueda entre sus patentes en la esperanza de encontrar algo que redujera las etapas de investigación. En 1985 la firma Burroughs Wellcome (hoy GSK) repara en uno de sus fármacos, la zidovudina (AZT) que había sido patentada en 1964 y registrada como fármaco anticanceroso para aquellas neoplasias de posible etiología viral. Rápidamente había sido abandonada por su escasa eficacia y rentabilidad comercial. La grata sorpresa salta cuando se demuestra que la actividad anti VIH se logra con concentraciones 100 veces menores que la toxicidad para las células del medio de cultivo. Era muy buena señal. El problema surge en cómo ensayarla en una enfermedad nueva. Con qué fármaco se compara, cómo se miden sus efectos etc. El beneficio observado en los primeros enfermos, la alarma internacional y la euforia de los primeros casos lleva a romper con todas las normas de ensayos con antimicrobianos y la misma FDA autoriza su uso ¡2 años! más tarde del inicio del ensayo, en 1987. La euforia duraría muy poco tiempo; en 1989 se describe la aparición de resistencias en VIH-1. En monoterapia, aparece en porcentaje variable a los 6 meses de tratamiento. A los 2 años de tratamiento, las resistencias aparecen en el 100%. La velocidad de aparición de resistencias es mayor cuanto mas avanzada está la enfermedad al iniciar el tratamiento y mayor es el nivel de replicación viral. Esta sería la tónica habitual en los tratamientos con todos los demás antirretrovirales.

 

Luego seguirán la didanosida (ddI) en 1991, la zalcitabina (ddc) en 1992, estavudina (d4T), el saquinavir (primer IP) y lamivudina en 1995, en 1996 se logra un avance notable pues aparecen: indinavir, ritonavir y nevapirina (primer ITINN); luego se presenta el primer coctel que combina 3 fármacos frenando el avance del VIH; y se desarrolla una prueba de carga viral.
Después aparecerán abacavir y efavirenz (1998), lopinavir (2000) tenofavir (2001) etc.
Se buscan nuevos antirretrovirales que vayan dirigidos a nuevas dianas que deben cumplir requisitos de simplicidad tolerancia y eficacia.

 

Prueba de la complejidad, vigor investigador etc. son, además de los comercializados, los fármacos en desarrollo que obligan, como en los antibacterianos, a clasificarlos para poder hablar el mismo “lenguaje” y entendernos en este complejo mundo del SIDA. No en vano tenemos ya más de 30 moléculas comercializadas específicamente para el SIDA. Los grupos actuales son:
Inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de nucleósidos (NRTI)
Inhibidores de la transcriptasa inversa no análogos de nucleósidos (NNRTI)
Inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de nucleótidos
Inhibidores de la proteasa
Inhibidores monoclonales anti CCR5
Inhibidores de la fusión
Inhibidores de los dedos de cinz
Inhibidores de la integrasa
Combinaciones fijas
Potenciales sinérgicos

 

Es seguro que rápidamente surgirán más novedades en este campo.

¿En que enfermedad se había conseguido lo que en SIDA? En pocos más de 5 años se dispone del primer fármaco específico. En sus 15 años se logra transformar una infección aguda en un proceso crónico. En 25 años se dispone de un arsenal terapéutico insospechado en la historia de otros procesos (pensar en paludismo, tuberculosis, sífilis, enfermedad de legionarios etc).

 

 

J. Prieto Prieto.