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Los antibióticos son más que antimicrobianos PDF Imprimir E-mail

 

Antiguamente los preparados farmacológicos se indicaban para multitud de procesos. En el caso concreto de las infecciones, los tratamientos eran sintomáticos salvo en algunas parasitosis. Acercándonos al siglo XIX se preparaban fórmulas que se indicaban para un número cada vez más reducido de enfermedades. Pero ya se contaba con algún específico como la quina antipalúdica y antifebril, que sin embargo por su alto precio se reservaba principalmente para las fiebres palúdicas. Las sulfamidas y la penicilina cambiaron notablemente el panorama pues desde el principio se entendió que eran antimicrobianos específicos.

 

Actividad antitumoral y supresora. A finales de los años 40 se dan una serie de circunstancias referidas a: 1ª) Se comprueba que un antibiótico, la actinomicina, descubierto en 1940 por Waksman tiene actividad anticancerígena. 2ª) El concepto de “bala mágica” de Ehrlich es el mismo para abordar el tratamiento antitumoral y antiinfeccioso basado en el principio de toxicidad selectiva que persigue eliminar las células malas, las cancerígenas o las bacterianas. 3ª) Las espectaculares curaciones con las sulfamidas y sobre todo penicilina, de las que se hacen eco los medios de comunicación, lleva a los ciudadanos a considerarlos drogas milagrosas.
Lo que ocurrió entonces, como es fácil deducir, fue que los enfermos cancerosos terminales y desahuciados de cualquier enfermedad, recogían rumores, mas que pruebas, de curaciones milagrosas y buscaban la penicilina como última esperanza.
Curiosamente, aparte de los antibióticos específicos antitumorales, con el tiempo se ha visto que algunos enfermos con diversos tipos de tumores se beneficiaban del uso de algunos antibióticos antimicrobianos.
La respuesta inmunológica desempeña un importante papel en el control del desarrollo tumoral, ya que su crecimiento y expansión se realiza en el seno de un organismo que dispone de diversos mecanismos para oponerse a este proceso. Un tumor, durante su crecimiento en el huésped induce una respuesta de células específicas; al activarse los linfocitos T se secretan mediadores solubles (citoquinas), los cuales modulan la respuesta inmunitaria al amplificarla, inhibirla o al favorecer ciertos procesos, como la inflamación. Hay varias citoquinas, incluyendo el interferón (IFN) y las interleuquinas (IL), que poseen efecto antiproliferativo o tóxico directo contra las células tumorales, como IL-2, IL-6, IL-8 y TNF (factor de necrosis tumoral) entre otras. Es interesante comprobar que ciertos macrólidos causan un beneficio terapéutico en huéspedes con cáncer. Los efectos inmunomoduladores son probablemente específicos de los macrólidos de 14C que pueden regular la producción de citoquinas, pero esta actividad todavía no está muy estudiada.
Otro efecto comprobado, desde hace más de 30 años en algunos antibióticos es el efecto inmunosupresor. Suelen presentar un efecto citostático, supresor de división celular y antiinflamatorio. Debido a una baja toxicidad se emplean actualmente en trasplantes de órganos y tejidos. Suelen corresponder a macrólidos aislados de Streptomyces (sirolimus, everolimus, tracolimus) o la clásica ciclosporina, polipéptido aislado del hongo Toipocladium infectum. Otros como la deoxispergnalina se obtiene de un Bacillus o el ácido micofenólico producido por Penicillium.

 

Actividad antiasmática. Desde hace 20 años se debate si los antibióticos benefician o perjudican al paciente asmático. Aparte de las reagudizaciones y complicaciones infecciosas, hay publicaciones rigurosas que demuestran el beneficio obtenido por el uso de antibióticos. Con el mismo rigor otras demuestran lo contrario y argumentan, entre otras cosas, que las primeras debían recoger algunos casos de asma producidas o exacerbadas por microorganismos.
Ante este dilema se han hecho algunos metaanálisis que dejan las cosas en tablas, es decir, no han sido capaces de demostrar el efecto beneficioso de los antibióticos pero tampoco la ausencia de este beneficio. En, 2006 apareció en Lancet un estudio de este tipo que demostraba la acción beneficiosa de una quinolona sobre determinados tipos de asma ¿Habrá que hacer otro tipo de metaanálisis?
Donde si hay coincidencia es en la mayoría de los trabajos que apuntan al uso masivo de los antibióticos en la infancia como un factor predisponente en la aparición del asma, seguramente al interferir con la acción microbiana de maduración inmunológica con otras complejas acciones (desequilibrios ecológicos de mucosas, o acción indirecta por ejemplo)

 

Acción antiinflamatoria. Desde hace bastantes años se venía observando que los procesos infecciosos con alto componente inflamatorio se veían beneficiados por determinados antimicrobianos aunque su poder antibacteriano fuera inferior al de otros. El caso mas demostrativo era el de las infecciones bucales. Si no tienen mal pronóstico se resuelven con tratamiento sintomático (analgésicos y antiinflamatorio). Si en estos casos se administraba una tetraciclina o un macrólido en lugar del antiinflamatorio evolucionaban mejor que con otros antibióticos. En principio deben tener una acción similar los que alcanzan una alta concentración intraleucocitaria.
En un intento de conocer el mecanismo de acción antiinflamatoria se ha demostrado que disminuyen la producción de radicales oxidantes in vitro, que son perjudiciales para la célula del huésped y contribuye a un efecto antiinflamatorio. Esta propiedad se ha demostrado con roxitromicina, claritromicina y azitromicina.
Los macrólidos, sobre todo eritromicina y sus derivados (claritromicina y roxitromicina) parecen tener un efecto inmunomodulador distinto según la duración del tratamiento:
1. A corto plazo: incremento o activación de las funciones inmunomoduladoras (fagocitosis, respuesta oxidativa o producción de citoquinas responsables de respuesta inmunitaria). 2. A largo plazo: reducción de respuesta inmunitaria mediante la inhibición de ciertas citoquinas y funciones de las células inmunitarias. Los estudios revelan que los macrólidos, especialmente eritromicina, claritromicina y roxitromicina, disminuyen la producción de IL, IL-2, IL-5 y sobre todo de IL-1, IL-6, IL-8 y TNF, hechos directamente responsables de la acción antiinflamatoria.
Estas favorables características antiinflamatorias no relacionadas con su actividad microbiológica, permitirían el uso de los macrólidos en varios procesos o enfermedades como el asma, la exacerbación de bronquitis crónica, la panbronquiolitis difusa o la sinusitis inflamatoria crónica.
Ciertos procesos autoinmunes o degenerativos como reumatismos, artrosis o lupus. a decir de algunos médicos se ven beneficiados por la acción de antibióticos; al igual que en otros de etiología desconocida como la enfermedad inflamatoria intestinal o ciertas cardiopatías.
 

 

J. Prieto Prieto.